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viernes, 20 de marzo de 2009

¡La melodia del ángel mensajero!


Ante el recorrido eterno de la serpiente que muerde su cola, tomamos prestados numerosos cuerpos para expresarnos, a veces muy densos a veces muy sutiles pero transportamos la esencia divina a través del universo. A través de un sistema dual y mecánico.

En el mundo de las formas, la realidad es difusa… tal vez un poco de sutileza ayuda a observar la cruda realidad. Pero es necesaria una observación potente que penetre en las dimensiones más sutiles y logre escapar a la ilusión.

La misión es una sola. ¿Cuando has de lograr la misión? La respuesta es una… y sólo en el silencio podrás acceder a ella.

Son tantas las oportunidades, tantas las ventajas… es tanta la perfección de la vida que con una sola encarnación podemos lograr la misión. Sólo los valientes despliegan su corazón por éste camino. Gracias a que el tiempo es inmortal y nos cobija con su dulzura, podemos esperar… tenemos tiempo para completar la misión, pero mientras más tiempo transcurre más dificultades se tendrá.

La MUERTE devuelve al punto de partida lo que le corresponde, así que al final de la misión todo volverá a su origen primario… generando la dulce siesta que nos espera. La muerte coronará nuestros esfuerzos y se llevará nuestros cuerpos, nuestros deseos, nuestros recuerdos y volveremos a ser lo que somos.

Regresaremos a ser lo que siempre hemos sido, y pocos conocen. Y hasta los “malos” tendrán la gloria de morir… porque para la sabia muerte todos tenemos la misma naturaleza, el mismo resplandor.

El regreso a casa nos llama incesantemente.. subir por la escalera maravillosa hasta llegar al vacio del que nacimos es la convicción. El regreso a la unidad ha de venir… porque la vida es una sola...

¿y eterna?
También!

Gracias dios por la perfección! …

sábado, 7 de marzo de 2009

El Apostol


Hermano,..... recuerda que eres un caminan­te que avanza sin Camino; porque eres tú mismo quien hace el Camino.


Camina derecho, en línea recta; en cada paso que des, despójate de lo que te hace peso.


Todo lo que veas a tu paso, obsérvalo muy bien para que lo conozcas, lo comprendas.


Recuerda que en este Camino no debe haber regreso, por lo tanto, no dejes nada olvidado.


Procura pagarle a cada quien lo que le debes, para que no te busquen, en tu Camino, para cobrarte.

Lleva sólo lo que necesitas, lo que te sobre regálalo a los necesitados.


No le digas a nadie que tu Camino es sin regreso, porque, quizás, los que te aman mucho, no quieran que los dejes, tratarán de cerrarte el paso.

Dale a todo el mundo, a tu paso, una sonri­sa para que ellos digan que este viajero va feliz, no importa que tu corazón vaya sangrando.



Bebe cada día de la fuente de la Sabiduría para que en tu Camino no te de sed.


En las noches estrelladas, trata de descan­sar en paz, al alba de cada día continúa tu viaje.


Nunca digas: «Hoy descanso», porque aún no has llegado a tu lugar.


En tu Camino, no observes el pecado de nadie, mira la virtud de todos.


Si alguien se atraviesa en tu Camino, dale la razón y sigue.


A todo el que te encuentres, en sentido contra­rio, no trates de convencerle de que regrese, para no perder tu tiempo inútilmente.


Dale de beber de la fuente de Sabiduría y déjalo que siga su camino.


Observa tus sueños cuidadosamente, a cada instante, para que comprendas tus errores.


A nadie le digas que conoces la Verdad, enséñale a que la conozcan.


Cuando compartas con tus seres queridos y con tus allegados, no digas que tú eres sabio, habla de la Sabiduría de los Sabios.


Cuando vayas por un camino, hazlo solo y si alguien va contigo, observa mucho lo que ha­blas, observa mucho donde pisas.


Cuando tengas un dolor, trata de ocultarlo para que todos los que te vean no sepan que tú sufres.

Cuando todos hablan, escucha, nunca censures, aprende.


Cuando enseñes, siempre cita a los Sabios Dioses para que tu enseñanza siempre esté actua­lizada con la que has tenido en otras épocas.


Cuando ores, hazlo en silencio.


Cuando mires a alguien, demuéstrale tu afecto.


Cuando corriges a alguien, demuéstrale tu amor y así será tu vida una cátedra para aprender y un ejemplo para todo el que tú enseñes.



V. M. LAKHSMI